viernes, 17 de abril de 2026

UNA VIDA DE ENTREGA: HOMENAJE A FRANCISCO SÁENZ RÍO Y SU LEGADO EN LA HERMANDAD.

Hablar de la historia de nuestra Hermandad es, inevitablemente, hablar de Francisco Sáenz. Su trayectoria no es solo un registro de fechas y cargos, sino el relato de una vida dedicada con fervor y humildad al servicio de nuestros Sagrados Titulares.


Todo comenzó en 1986, cuando Francisco, con un espíritu colaborador incansable, se unió a Carmen Serrano para dar los primeros pasos y poner en pie esta hermandad. Eran tiempos de siembra y esfuerzo compartido. En 1989, tras la aprobación de los estatutos por el obispado y ante la imposibilidad legal de la época para que una mujer ocupara el cargo de hermana mayor, Francisco asumió la responsabilidad con entereza. Desde aquel momento y hasta 2024, su guía ha sido el norte de nuestra corporación.


Cualquier palabra de gratitud hacia Francisco parece insuficiente. Su labor se define por la excelencia en el detalle y una capacidad de organización prodigiosa. Para él, la Hermandad no es un compromiso de Semana Santa, sino una misión de 365 días.

En los momentos de crisis, su ilusión y constancia infatigable han sido el motor que ha arrastrado a los demás, impidiendo que el ánimo decayera.

Desde la planificación del Domingo de Resurrección para el año siguiente hasta el último detalle de cada procesión, Francisco ha buscado siempre la mayor dignidad para nuestros Titulares.


Este camino no lo ha recorrido solo. A su lado, Lucía Domenech, su mujer y actual Camarera Mayor de la Virgen, ha sido un pilar fundamental en la Junta Directiva, trabajando codo con codo junto a él y a Antoñi para velar por cada necesidad de la Hermandad.

Ese amor por nuestras tradiciones ha echado raíces profundas en sus hijos, Francisco y Lucía, quienes desde pequeños han integrado este grupo, apoyando la labor de su padre y asegurando que el relevo generacional esté impregnado de los mismos valores de entrega y servicio. Ahora también sus nietos, Rafael y Vega van formando parte activa de este movimiento.


No existen palabras suficientes para agradecer tantos años de esfuerzo, desvelos y sacrificios personales. Gracias a su visión y a su mano firme pero generosa, nuestros actos y procesiones han crecido en esplendor y fe.

La Hermandad que hoy somos es el reflejo del alma de Francisco Sáenz. Su huella es imborrable y su ejemplo, la luz que seguirá guiando nuestro caminar en los años venideros.


¡GRACIAS, FRANCISCO, POR ENSEÑARNOS QUE EL SERVICIO ES LA FORMA MÁS ALTA DE DEVOCIÓN!


NOTA: Dicen que la mejor forma de contar una historia es dejar que los ojos hagan el trabajo. Si por mí fuera, llenaría este espacio con cientos de fotografías, creando un mosaico infinito de momentos. Sin embargo, para no convertir este rincón en un álbum interminable, he seleccionado cuidadosamente una pequeña muestra: la esencia pura de lo que mis palabras intentan describir.


Francisco  junto a su mujer, Lucía
























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