La historia de nuestra Hermandad no solo se escribe con actos de fe y desfiles procesionales; se escribe, sobre todo, en la convivencia, en el calor de los fogones y en la generosidad de quienes dedican su tiempo a hacer felices a los demás. Hoy, desde esta Junta Directiva, queremos detenernos para rendir un sincero y merecido homenaje a dos figuras fundamentales de nuestros encuentros: Manolo Domenech y Pepe Fernández.
Ellos han sido, durante años, los artífices de esos sabores que ya forman parte de nuestra memoria colectiva. Con paciencia, maestría y mucho cariño, se encargaron de preparar esas sabrosas paellas y peroles que se convertían en el centro de nuestras celebraciones, transformando una simple comida en un momento de unión y alegría compartida.
La vida nos lleva por distintos caminos, pero el agradecimiento de esta Hermandad permanece intacto para ambos:
A Manolo Domenech: Tras años de dedicación incansable, Manolo ha pasado a un merecido descanso debido a su avanzada edad. Su retirada nos deja el recuerdo de su buena mano ante el fuego y su disposición siempre amable.
A Pepe Fernández: Hace dos años que Pepe nos dejó, pero su esencia sigue presente en cada evento que organizamos. Aunque ya no esté físicamente entre nosotros, el eco de su trabajo y su entrega resuena en cada rincón.
"No solo cocinaban alimentos; cocinaban hermandad. Sus peroles eran el pretexto perfecto para vernos sonreír y estrechar lazos."
Es de justicia reconocer que su esfuerzo fue el motor de muchos de nuestros días más felices. Por las horas frente al humo, por el peso de los peroles y por el amor que pusieron en cada ingrediente, la Junta Directiva, en representación de todos los hermanos, os da las gracias de todo corazón.
Las imágenes que acompañan estas líneas son el testimonio vivo de su labor: rostros de satisfacción, platos compartidos y la satisfacción del deber cumplido. Manolo, Pepe: vuestra huella en esta Hermandad es tan imborrable como el sabor de vuestra cocina.
¡GRACIAS POR TANTO!

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